Cuenta don Vidal Zaquinaula,
un antiguo poblador de Gramalotes (frontera con el Ecuador) que se ofreció de guía de la Policía de la Guardia Republicana que
custodiaba la frontera norte para recorrer el trayecto de la quebrada San
Francisco.
Debian cumplir esta misión durante 10 días, sin embargo, en
el día 4 encontraron a un grupo de ecuatorianos que lavaban oro en las riberas
de la referida quebrada obligando a los guardias efectuar disparos al aire para
disuadir a los invasores.
En ese momento de confusión y miedo, uno de los
intervenidos reconoció al guía gritando a viva voz “Tíooooo Vidal”, motivando
que ambos se dieran un fraternal abrazo suavizando la tensión entre la patrulla
y los pobladores descubiertos “in
fraganti”.
Don Zaquinaula comunicó a los efectivos de la policía que el joven era hijo de su hermano que había emigrado al Ecuador por razones laborales.
Don Zaquinaula comunicó a los efectivos de la policía que el joven era hijo de su hermano que había emigrado al Ecuador por razones laborales.
La patrulla “perdonó la vida” a los invasores por la filiación familiar
haciéndolos replegar hacia su lugar de origen. En un gesto de desprendimiento y solidaridad, los
efectivos les regalaron galletas y otros víveres. Cuando llegaron contaron lo
sucedido a sus compañeros sembrando el miedo entre los pobladores ecuatorianos
quienes empezaron a idear cómo
disuadir a la patrulla peruana.
Astutamente acordaron guardar banderas peruanas
debajo de las camas, para sacarlas cuando los efectivos llegarán, sin embargo surgió una gran
interrogante ¿cuál es el color de la bandera?...nadie supo responder a ciencia
cierta… algunos decía que era bicolor,
otros que el rojo iba el centro,
en fin no pudieron ponerse de acuerdo.
La anécdota fue contada 25 años
después en una visita del sobrino a Gramalotes donde llegó agradecer su gesto.
“Tío Vidal en aquella oportunidad me salvaste la vida”, le refirió el joven
agregando que había sido una suerte que estuviera ahí, de lo contrario no
habría vivido para contarla.

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