Lo cuento tal como me lo contó don Alfonso Calderón, sargento
primero de Infantería del Ejército. En la guerra con el
Ecuador en el año 1941, se formó la Compañía 111 integrada por valientes
jóvenes que se enrolaron al Ejército respondiendo al llamamiento militar.
Congregados en el parque principal de
Huancabamba se ofició una misa con los novatos soldados, familiares y
curiosos que acudieron a despedir con un “hasta luego” a los reclutados quienes
debidamente formados escucharon el evangelio y hasta comulgaron invocando
protección divina para iniciar la misión militar en la que nadie sabía si regresarían
o no.
Al mando del comandante Zumarán, los valientes jóvenes
partieron entre llantos y cánticos de valor y victoria hacia Sondorillo. Según
me contó don Alfonso Calderón, literalmente el pueblo los acompañó en su
caminata hasta esta zona. Posteriormente enrumbaron por pedregosos caminos
hacia la frontera norte.
La Compañía 111 llegó
hasta San Ignacio teniendo como misión la defensa del río Canchis y la quebrada San Francisco, los jóvenes cumplieron excelentemente su labor, sin embargo –
a decir de mi padre- esta hazaña jamás fue reconocida.
Nadie hasta ahora ha destacado la valentía de este grupo de
jóvenes huancabambinos que dejaron su hogar, sus tierras y su vida poniendo el hombro en la guerra entre Perú y
Ecuador. Fue un acto de desprendimiento.
Refiere que muchos de los jóvenes no retornaron jamás a
Huancabamba sino que formaron familia en San Ignacio, donde echaron raíces, se
casaron y tuvieron descendencia, sin embargo, la añoranza de su tierra siempre
fue rememorada entre sobremesas, charlas
callejeras y mesas de cantinas.

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