Allá
por los años 20, el general Oscar R. Benavides combatió a Augusto
B. Leguia, situación que originó su deportación a Australia...
Benavides y veinticinco ciudadanos más fueron hechos prisioneros y
embarcados en el vapor Paita con destino a Sídney, Australia. Un
motín comandado por Benavides capturó al capitán del barco y a sus
oficiales y cambió la ruta hacia Costa Rica. Desde Costa Rica
Benavides se trasladó a Panamá y luego a Guayaquil (Ecuador) donde
restableció contactos con los elementos opositores a Leguía.
Se
dice que Benavides llegó a Huancambamba donde inicialmente recibió
protección del párroco del pueblo sin embargo debido a que su
integridad física peligraba fue llevado a Quito, y posteriormente,
al recóndito pueblo de Gramalotes (San José de Lourdes- Perú)
donde estuvo bajo la protección de don Rodolfo Soto Aguirre hombre
pudiente que se dedicaba a la crianza de ganado vacuno. En este
lugar, el general Benavides, pudo estar a salvo de sus enemigos que
por orden de Leguía querían mantenerlo alejando del país. Se
cuenta que el exilio de Benavides en Gramalotes duró más de año,
tiempo en el cual vistió como los lugareños pasando desapercibido
entre los vecinos que nunca sospecharon que en sus tierras se
escondía un militar de alto rango. Se dice que cuando Benavides
llegó al poder años más tarde, mandó una carta de agradecimiento
e invitó a Palacio a su protector don Rodolfo Soto, quien tuvo el
ingenio de vestirlo como los lugareños para no despertar sospechas,
inclusive, cuentan que tuvo que viajar a Huancamaba a comprarle
camisas a rayas y pantalones de casineti.
La
famosa carta de invitación apareció por los años 40, documento
que permaneció en manos de don Alfonso Calderón Angulo, quien fundó
la compañía reforzada Chinchipe en la década de conflicto con el
Ecuador. Me aseguró que llegó a leer la famosa carta y que había
corroborado la firma del mandatario de la Nación. Además, como
prueba irrefutable tenía, el sello de agua de Palacio de Gobierno.
Don
Rodolfo nunca atendió la invitación de tan histórico personaje,
pero quedó en el recuerdo de aquellos que conocieron de la
existencia de la misiva.

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