jueves, 27 de octubre de 2016

LA CARTA DE BENAVIDES


Allá por los años 20, el general Oscar R. Benavides combatió a Augusto B. Leguia, situación que originó su deportación a Australia... Benavides y veinticinco ciudadanos más fueron hechos prisioneros y embarcados en el vapor Paita con destino a Sídney, Australia. Un motín comandado por Benavides capturó al capitán del barco y a sus oficiales y cambió la ruta hacia Costa Rica. Desde Costa Rica Benavides se trasladó a Panamá y luego a Guayaquil (Ecuador) donde restableció contactos con los elementos opositores a Leguía.
Se dice que Benavides llegó a Huancambamba donde inicialmente recibió protección del párroco del pueblo sin embargo debido a que su integridad física peligraba fue llevado a Quito, y posteriormente, al recóndito pueblo de Gramalotes (San José de Lourdes- Perú) donde estuvo bajo la protección de don Rodolfo Soto Aguirre hombre pudiente que se dedicaba a la crianza de ganado vacuno. En este lugar, el general Benavides, pudo estar a salvo de sus enemigos que por orden de Leguía querían mantenerlo alejando del país. Se cuenta que el exilio de Benavides en Gramalotes duró más de año, tiempo en el cual vistió como los lugareños pasando desapercibido entre los vecinos que nunca sospecharon que en sus tierras se escondía un militar de alto rango. Se dice que cuando Benavides llegó al poder años más tarde, mandó una carta de agradecimiento e invitó a Palacio a su protector don Rodolfo Soto, quien tuvo el ingenio de vestirlo como los lugareños para no despertar sospechas, inclusive, cuentan que tuvo que viajar a Huancamaba a comprarle camisas a rayas y pantalones de casineti.
La famosa carta de invitación apareció por los años 40, documento que permaneció en manos de don Alfonso Calderón Angulo, quien fundó la compañía reforzada Chinchipe en la década de conflicto con el Ecuador. Me aseguró que llegó a leer la famosa carta y que había corroborado la firma del mandatario de la Nación. Además, como prueba irrefutable tenía, el sello de agua de Palacio de Gobierno.
Don Rodolfo nunca atendió la invitación de tan histórico personaje, pero quedó en el recuerdo de aquellos que conocieron de la existencia de la misiva.




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