En la década del
año 20, vivía don Juan Valencia, hombre de holgada economía que
bien hubiera podido ser llamado el Badani de Faical debido a que
vivía con cinco concubinas en una misma casa, repartiéndose las
tareas del hogar y la crianza de los hijos.
Don Juan Valencia
no solamente era un hombre afortunado en el amor y la envidia de sus
vecinos sino que tenía ciertas cualidades que lo hacían un hombre
especial aunque nunca quiso ostentar un cargo público, sino que por
el contrario fue seducido por la vida agrícola y la ganadera
amasando una enviadiable fortuna que más tarde fue despilfarrada por
sus herederos.
El citado
personaje era un tipo hábil que podía destilar aguardiente sin
hacer uso del alambique, en tanto, tenía una vasta producción de
tabaco considerada de primera. Confeccionaba borroncos, una especie
de puro gigante que era intercambiado hasta con un día de trabajo
agrícola.
Para los
lugareños era una delicia fumar, tal es el caso, que muchos portaban
su tabaquera una especie de alforja pequeña con todos los elementos
necesarios para disfrutar del placer de fumar.
Se dice que fue
su hijo mayor don Genaro Valencia Hernández el que despilfarro los
bienes poseídos por este singular hombre cuyo recuerdo quedó
grabado en la mente de muchos pobladores.
Conocí a una de
sus esposas en el caserío de Mandinga pero nunca quiso manifestarse
sobre don Juan Valencia acentuando aún más el misterio del harén
de don Valencia que se constituyó en una especie de leyenda, y cuya
historia fue contada de generación en generación.

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